domingo, 5 de febrero de 2012

Capítulo seis - Daniel Collins

-Hola cariño, veo que ya has llegado –mi madre me saludó cariñosamente, como hacía todas las tardes para recibirme. Me acerqué lentamente a ella, en todo el camino no le quitaba la mirada al hombre que la acompañaba. Mi madre, una vez al lado de ella, me abraza y me besa la frente como siempre hacía, después me pide que me sentara entre el hombre aquel y ella. Aun seguía mirando a aquel hombre, a estas alturas debe de estar bastante incómodo ya que aquella mirada que le estaba lanzando no era la más cálida ni la más amigable de todas.
Cuando al fin estaba cómodamente sentada, dejé de mirarle y miré a mi madre.

-Mamá… -dije un tanto desconcertada
-Cariño, éste es un Daniel. Es un amigo, trabaja conmigo –miré a Daniel, ésta vez con un poco más de cariño
-Hola, Daniel. Soy Jade
-Encantado de conocerte, Jade. Tu madre me ha hablado mucho de ti –sonreía incómodamente. Parece que mi mirada incómoda le había echo bastante efecto

Después de aquella extraña presentación, estuvimos charlando un buen rato. Al parecer, Daniel ayudaba a mi madre en el tema de publicidad y demás. Resultó ser un tipo bastante simpático y veía que se llevaba muy bien con mi madre.
Daniel tenía la misma edad que mi madre, también estaba divorciado y tenía un hijo de mi edad que se llamaba Mario.
Tenía la extraña idea de que mi madre y Daniel se miraban cada dos por tres y de una manera muy especial. Decidí aclarar mis dudas después de cenar, ya que Daniel se había quedado hasta entonces. Nada más marcharse, justo cuando mi madre y yo empezábamos a limpiar los platos sucios, empecé “a investigar” sobre el asunto

-Mamá, ¿me lo puedes explicar, por favor? –dije mientras sonreía don picardía
-¿El qué, cariño?
-Vamos, sabes perfectamente de qué hablo, Taylor Brooks
-Pues no, Jade Brooks –sonrió tímidamente. Sabía perfectamente de qué hablaba, el juego era simple, yo tenía que insistir y no me lo iba a pensar dos veces
-Mamá, suéltalo. ¿A qué viene presentarme Daniel?
-Pues me pareció que era muy simpático, además es un amigo mío y
-Te gusta –acabé su frase antes de que ella lo hiciera
-¡Pero niña! –exclamó
-Mamá, vi cómo os mirabais
-Anda, tonta
-Te gusta
-No seas niña, Jade
-Te gusta, te gusta, te gusta –empecé repetirlo una y otra vez como si tuviera cinco años
-Vale ya, Jade
-Pero te gusta mamá, no lo niegues. Un día vendrás a mí diciendo que has empezado a salir con él o quizás ya estés saliendo con él y no me lo hayas dicho
-Cariño, sabes que si salgo con alguien, siempre serás la primera en saberlo
-Pues, ¿a qué esperas decírmelo?
-¿Decirte el qué?
-Mamá, te estás liando. Decirme que te gusta
-Bueno, Daniel es encantador, pero nada más. No saques conclusiones equivocadas

El resto de la noche ha sido de lo más normal. Estuvimos viendo la tele un rato y después nos fuimos a dormir.

Aquella noche soñé con Zayn, volví a revivir el momento en que se chocó conmigo en la clase de gimnasia, cuando estuvo corriendo conmigo, cuando me dio con la pelota y cuando me invitó a tomar un batido… Me desperté de un salto cuando llegué en la parte donde Nick aparecía de la nada.
Estaba sudando y tenía la respiración acelerada, decidí bajar a la cocina y beber un vaso de agua.
Eran las tres de la mañana y tenía que madrugar, me volví a dormir y volví a soñar con Zayn. Ésta vez fue distinto, estábamos en mi habitación y había venido a disculparse. No sabía porqué se disculpaba, pero no me importaba. Yo estaba en pijama y él llevaba la misma ropa de ésta mañana. En un momento determinado del sueño, yo estaba en mi cama y las sábanas aun me cubrían las piernas, Zayn se había sentado en frente mío, puso su mano sobre mi mejilla y poco a poco iba acercando mi cara a las suya. Justo en el momento en que casi nos dábamos un beso, mi reloj empezó a sonar.
Me había despertado bruscamente, estaba sudando y me encontraba desorientada. Jade, estás tonta ¿qué haces soñando con Zayn? Me dije nada más tomar el control de mis pensamientos.
Estuve diez minutos pensando en muchas cosas al mismo tiempo y a la vez en nada. Cuando me quise dar cuenta, solamente tenía media hora para prepararme y quince minutos para desayunar. Me levanté deprisa y me puse una camiseta beige-limón ancha, unos pantalones pitillos negros y unos zapatos de tacón beige. No sé porqué pero tenía ganas de estar guapa aquel día. Me dejé el pelo suelo y dejé que estuviera un poco ondulado y desordenado.
En el desayuno me acordé de que tenía que haberles llamado a las chicas ayer para avisarlas si quería ir con ellas al instituto, al parecer, hoy me tocaba andar sola.
Tras despedirme de mi madre, salí corriendo a la salida. Nada más salir por la puerta principal, pude ver una silueta. Aun estaba oscuro y hacía un poco de niebla, así que no supe muy bien quién era.

-¿Liam? –dije mientras me acercaba a aquel individuo
-Casi, pero no –se dio la vuelta y se acercó a mí. Me llevé una gran sorpresa cuando descubrí que se trataba de Zayn
-¡Zayn! ¿Qué haces aquí?
-Se te había caído tu agenda personal en el Cyber Café… Quise devolvértelo pero te subiste a un coche –me da mi agenda
-Gracias
-¿Te importa que te acompañe a clase?
-Supongo que no –tenía muchísimas ganas de que me acompañara a clase, pero me resultaba casi natural actuar de aquella manera tan a la defensiva
-Jade, ¿por qué te fuiste?
-Cosas mías…
-¿No te caigo bien?
-Me caes genial, pero…
-¿Pero?
-Qué más da Zayn, no importa
-Importa mucho –se para
-¿Qué te pasa?
-Pues quiero saber el porqué te fuiste de aquella manera
-Anda, no seas tonto. Vamos, no te pares o llegaremos tarde
-No andaré hasta que me digas el porqué
-No seas crío, me iré sin ti
-¿En serio? –a lo mejor sabía que no era capaz de dejarle ahí, a lo mejor solamente estaba tentando su suerte, pero aquello era muy efectivo y tenía razón, no era capaz de dejarle de nuevo
-Vale, Zayn. Te lo diré pero en el camino, así que, andando
-Está bien. ¿Ves? Ya estoy andando, ahora dime
-Es Nick, no me cae muy bien
-Entiendo –suelta una carcajada
-¿De qué te ríes?
-Pues entiendo que no te caiga muy bien, es un poco pesado, pero es así
-Es amigo tuyo
-Es mi primo, pero es un secreto –volvió a reírse
-Vaya, sois familia. ¿Puedo empezar a pensar que sois iguales?
-¡Qué va! Yo le aguanto bastante bien, pero juraría que no somos iguales –Zayn empezó a bromear y hablar sobre las diferencias entre Nick y él. Estuvo todo el camino haciendo bromas, me estaba empezando a caer mejor y disfrutaba de su compañía.

Habíamos llegado justo a tiempo, nada más llegar el timbre había comenzado a sonar.

-Oye, Jade. ¿Qué haces esta tarde?
-No lo sé, supongo que me iré con Liam o con las chicas
-Dime, ese tal Liam ¿es tu novio?
-¿Liam? ¡Qué va! Solo es un amigo, nada más
-Bueno, me alegro. Me tengo que ir, ¡nos vemos preciosa!

Zayn desapareció entre la multitud, nada más perder el rastro de Zayn, Liam aparece por detrás.
Liam me acompañó hasta mi taquilla, estuvo hablando de no sé qué cosa. No estaba muy atenta, como podréis comprobar, estaba demasiado ocupada pensando en Zayn. Aquello duró las tres primeras horas de clase, no paraba de pensar en Zayn, aunque claro, aquellas clases eran un completo aburrimiento… ¡Incluso mirar a un punto en la pared era más interesante!
Estuve con Liam y las chicas en la hora del recreo, estábamos pasando un rato de lo más normal hasta que recibí un mensaje. Era de un número desconocido y decía así: “Hola preciosa, me he tomado la libertad de coger tu número de tu agenda personal. Lo siento si te ha molestado, pero necesitaba estar en contacto contigo. Tengo una sorpresa para ti, está en tu taquilla. No vayas a por ella hasta que el recreo se acabe, ahí dejé una nota diciendo quién soy… Aunque tienes pinta de ser una chica muy lista y seguramente ya sabrás quién soy. Un beso muy grande”
Sabiendo quién ha tenido mi agenda personal, solo pude pensar que se trataba de Zayn. Quise correr hacia mi taquilla para ver qué era aquello que me había dejado, pero opté por ser paciente y hacer caso a lo que me decía en el mensaje.
No paré quieta en todo lo que quedaba de recreo, ¡estaba muy nerviosa! Cuando por fin el timbre había sonado para avisar que el recreo había terminado, me despedí rápidamente de mis amigos y me fui corriendo hacia mi taquilla. ¡Ni siquiera di tiempo para explicar nada ni para que me hicieran preguntas!
Por fin llegué a mi taquilla, mí manos estaban temblando, tanto que casi no pude meter la llave.
Cuando conseguí abrir la taquilla, no pude hacer ningún movimiento, no sabía como reaccionar a aquello. Simplemente, me había quedado sin palabras. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario