Al fin conseguí entrar, el problema era que no había nadie a quien pudiera
preguntar por dónde se iba para ir al despacho del Director. Estuve esperando
casi quince minutos pero nadie aparecía en secretaría. Así que decidí preguntar
a cualquiera que pasase por ahí, pero como aun quedaba tiempo para que la
campana sonase, el pasillo estaba casi desierto. Entonces, vi a una chica que
estaba abriendo su taquilla y decidí preguntar, me atendió amablemente y me
dijo con toda la amabilidad del mundo dónde estaba el despacho del director.
Después de darle las gracias y seguí sus indicaciones.
Me atendió enseguida, era un hombre joven y parecía ser muy amable.
-Buenos días –le saludé
-Buenos días, señorita. Siéntese, por favor –me recibió con una sonrisa –Soy
el director Wood, James Wood.
-Encanta de de conocerle, director Wood –nos dimos un apretón de manos
-Tú debes de ser la señorita Brooks
-Así es
-Bueno, señorita Brooks, bienvenida. Espero que le guste estar en éste
instituto y si hay problema alguno, no dude en venir a decírmelo
-Muchas gracias
Aquella conversación no fue muy larga, me preguntó las típicas cosas. Las
notas, qué tal me iba en el estudio, etc.
Después, me fui de nuevo en secretaría donde me asignaron una taquilla y me
dieron un sobre donde estaban mis horarios y hojas de suscripción a equipos de
deporte. La taquilla que me habían asignado era la número ciento quince, me
tomé aquello como una buena señal. Me dirigí a ella solamente para ver dónde
podría estar y para meter alguna que otra cosa.
Tras andar casi cinco minutos mirando los números de las taquillas, por fin
encontré la mía. Era increíble cuántas taquillas había, puse mi código y lo
abrí. Estaba limpia, ¡parecía nueva! Sin duda era mil veces mejor que las
taquillas de mi antiguo colegio, donde te podías encontrar, agujeros, chicles,
marcas de pegatinas, pintadas e incluso ropa vieja y sucia.
Me dispuse a colocar algunas cosas para que mi taquilla no estuviese vacía.
-Vaya, vaya. Una cara nueva –oí de repente. Me giré y pude ver un chico
–Soy Nick
-Jade
Aquel chico me pareció algo repelente, era ligeramente más alto que yo y
llevaba un corte de pelo muy típico de los “guays” de los años 90’s Era
castaño, aunque podría confundirlo por un rubio, tenía los ojos azules, llevaba
una sudadera azul oscuro y unos pantalones de color blanco, los cuales llevaba
algo bajados, como ahora está tan de moda y llevaba unos zapatos azules que
combinaban su sudadera.
-Dime, ¿de dónde eres, preciosa?
-Nueva York
-Vaya, tenemos aquí una Neoyorkina
-Eso parece, oye me tengo que ir. Encantada de conocerte –dije por un
intento de librarme de él. Así que, antes de que dijera nada, cerré mi taquilla y me
fui de ahí. Por un momento pensé que me había dejado la hoja donde ponía mi
horario y las clases donde debía de ir, no soportaba la idea de volver a
encontrarme con Nick, no sé porqué, pero no me acababa de convencer.
El resto del día fue de lo más normal del mundo. Lo peor era presentarme
obligatoriamente a mis compañeros. “Me llamo Jade Brooks, vengo de Nueva York.
Me gusta la música en general, la fotografía, los animales y la moda de los
90’s” Era repetir aquello una y otra vez al principio de cada clase.
Por fin pude tomarme un respiro en el recreo, dejé mis cosas en mi taquilla
y me fui fuera donde me tumbé bajo un árbol.
No está mal, dije para mi misma, es el primer día y lo estoy llevando
bastante bien. Aun no he hecho ningún amigo, pero está bien, el primer día
suele ser floja.
La hora de la comida fue algo más difícil ya que no había sitios libres y
comer en el baño no estaba en mis planes. Tenía la bandeja en en las manos y por mi
suerte un grupo de chicos habían acabado de comer dejando una mesa libre. Corrí
directa a ella para que nadie me lo quitase, cinco minutos después, dos chicas
se acercaron a mí. Me parecieron bastante majas, las dos eran castañas, aunque
una de ellas tenía un castaño más oscuro y el pelo más largo que la otra, ella
fue quién me habló.
-Hola, ¿podemos sentarnos aquí?
-Claro, adelante.
-Gracias –se sentó delante de mi y su amiga al lado suyo –Me llamo Raquel y
ésta es Noemy
-Encantada –nos dimos un apretón de manos –Yo me llamo Jade
-¿Eres nueva, verdad? –me preguntó Noemy
-Así es, vengo de Nueva York
-Vaya, siempre he querido ir allí
-Dinos, ¿es bonito? –preguntó Raquel
-Es bastante más ruidoso y escandaloso que aquí, pero eso depende de la zona donde estés…
Estuve respondiendo a las preguntas que me iban haciendo Raquel y Noemy. Me
habían caído muy bien. Me había enterado de que eran hermanas, no lo diría ya
que no se parecían mucho. Raquel, a pesar de ser la primera quién me habló, era la más callada, en
cambio, Noemy, era la que me hacía miles de preguntas. A pesar de ello, me había caído
muy bien desde el primer momento.
Ellas fueron las primeras amistades que hice en el instituto de Londres, me
enseñaron el edificio y cualquier cosa que me iba a servir de ayuda.
El día había cambiado a mejor desde que coincidí con ellas, resulta que
vivían en la misma calle que yo, Raquel vivía en la casa número dieciocho y
Noemy en el número veintitrés. En la salida llamé a mi madre para decirla que
había hecho amigas y que andaría a casa con ellas ya que prácticamente éramos
vecinas.
Anduvimos un buen rato, fui la primera en llegar a casa. Nada más llegar, vi
que mi madre bajaba del taxi, me despedí de mis nuevas amigas y fui a saludarla, después dije quiénes eran y ella las saludó a lo
lejos.
Entramos en la casa, Louis estaba en el sofá durmiendo, no me hizo mucho
caso, así que me fui a mi habitación e hice los deberes. En la cena estuve
hablando con mi madre sobre mi primer día y ella me contó la suya. Parece ser
que hoy hemos tenido un día bastante bueno.
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