jueves, 9 de febrero de 2012

Capítulo doce - Buenos Días

Harry me miró extrañado
-Nada, ¿por qué lo preguntas?
-Mira, mi madre y su novio han hecho una reserva para tres parejas en un restaurante. Su novio tiene un hijo que vendrá con su novia, entonces claro, ya hay dos parejas y solamente falto yo. No contaban que Zayn estaría enfermo así que, si te apetece…
-¿Quién es Zayn?
-Es un amigo mío…
-¿Es tu novio? –Noté que la sonrisa de Harry iba desvaneciendo cuando mencioné el nombre de Zayn
-No, no lo es. Es solo un amigo que me acompañó cuando salí con el hijo del novio de mi madre y su novia…
-¡Qué lío! Pero, me apunto –su sonrisa apareció de nuevo
-Perfecto, en media hora nos vemos en mi puerta, ¿vale?
-Ahí estaré –Harry me lanzó una última mirada y una última sonrisa y se fue corriendo hacia su casa.

Pasaron veinticinco minutos y yo aun estaba preparándome los últimos arreglos cuando Harry vino. Le dejé pasar y se quedó jugando con Louis en el salón. Cuando pasaron los treinta minutos, llegó Mario.
Le presenté a Harry y le expliqué la situación. Le pareció bien el plan, después fuimos en coche a recoger a Natalia y nos dirigimos directamente hacia el restaurante donde mi madre y Daniel nos estaban esperando. Se quedaron algo extrañados ya que mi acompañante no era Zayn. Al parecer, Mario no les dijo nada sobre lo que hablamos por teléfono, ni siquiera les avisó si al final venía o no. Tuve que explicar la situación por cuarta vez del día.
Al principio fue algo incómodo, supongo que es por el hecho de que haya llevado a un chico distinto, pero después, Harry supo como e impresionar a su manera, tanto a Mario y Natalia como a mi madre y a Daniel.
La noche fue bastante entrañable, nos lo pasamos muy bien. Llegué a conocer más sobre cómo es Harry en su sentido del humor y el cómo se comporta con la gente. Es amable, divertido, siempre tiene una sonrisa en la cara, sabe escuchar, hablar y callar a la vez.
Al final de la cena, decidimos pasear a la luz de la Luna por las calles de Londres. Había gente por la calle, había luces e incluso en algún que otro punto se podía oír música o algún que otro bullicio. Íbamos en fila de dos, mi madre iba agarrada a Daniel, detrás iban Mario y Natalia cogidos de la mano y después estábamos Harry y yo.
No dejaba de mirar en como actuaban Mario y Natalia, realmente hacían una buena pareja y jamás dejaría de decirlo. Me gustaba como Natalia se reía tímidamente a lo que decía Mario con un cierto tono de ironía y me encantaba como Mario respondía con un beso en la frente a aquello. Se les veían muy contentos, muy cariñosos y que a pesar de estar andando, aquello no le impedía a Mario hacer gestos de cariño a Natalia.

-Son adorables, ¿verdad? –dijo de repente Harry
-Eh, ¿cómo? –bajé de las nubes nada más oír su voz
-He visto en cómo les miras, entiendo que les mires, son adorables
-Lo sé. Se quieren mucho y no tienen miedo de demostrarlo
-Se ve que luchan por un amor verdadero
-¿Qué quieres decir? Están contentos, felices, en la flor de la vida… No creo que estén luchando
-Te equivocas. Están luchando, aunque no estén argumentando, lo están haciendo. Cada gesto, cada mirada, cada caricia… Es un esfuerzo a seguir en combate, ¿entiendes? Si dejaran de esforzarse por demostrar el amor que tienen del uno al otro, perderían la batalla -me quedé mirando a Harry que miraba al frente mientras decía aquellas palabras. Lo decía seriamente, lo decía de verdad. Aquello hizo que pensara en Zayn. Empecé a preguntarme si había empezado la batalla, si estaba luchando ahora mismo o si estaba perdiendo…
-Jade, la lucha está en esa primera mirada que te atrapa y comienza en el mismo instante en el que empiezas a pensar una y otra vez en aquella persona al que miraste –me sorprendió lo que Harry había añadido. Sentí como si me hubiera leído aquellas preguntas en mi cabeza. Sin embargo, me limité a andar, a mirar al frente, a ver el ambiente que rodeaba a Mario y a Natalia… Ni una palabra sobre lo que había dicho Harry, pero hubo miles de preguntas que brotaron a partir de aquellas palabras.
Había empezado a hacer mucho viento y hacía mucho frío. Harry me ofreció su abrigo a pesar de que él solamente llevaba una camiseta y un jersey por encima. Decidimos volver rápidamente al restaurante donde habíamos cenado ya que cerca de ahí se encontraban aparcados los coches.
Harry, mi madre y yo fuimos en el coche de Daniel mientras que Mario fue con el suyo a llevar a Natalia a su casa.
En el viaje a casa se oñía a Adele cantar a través de la radio, aquello me relajaba y me quedé dormida sobre el hombro de Harry. Me desperté cinco minutos antes de llegar a casa. Bajamos solamente Harry y yo ya que mi madre iba a pasar la noche con Daniel, eso implicaba a que me iba a quedar sola en una casa con un gato como única compañía.
No me opuse, quería que mi madre disfrutara de una noche junto a Daniel, aunque no me gustaba mucho la idea de estar sola toda una noche, que a pesar de que estando con mi madre, la casa parecía medianamente pequeña, estando sola me parecía demasiado grande. Sinceramente, me estaba poniendo de los nervios.

-Jade, ¿estás bien? –dijo Harry al notar los nervios que desprendía
-Yo, es que, no me gusta la idea de estar sola.
-Entonces, ¿por qué no le has dicho nada a tu madre?
-No quiero estropearla los planes…
-¿Quieres que me quede esta noche en el sofá de tu casa? No me importaría
-¿En serio? Mira, Harry. Estoy de los nervios y lo más probable es que aceptare e incluso me aliviaría y me pondría contenta… ¡No juegues con mis sentimientos! –dije en tono broma
-En serio, no le importará a mi madre
-Harry, si no te has dado cuenta, soy una chica
-Me he dado cuenta, claro que me he dado cuenta –suelta una carcajada pervertida
-¡Eh! –me reí y le di un golpe en el brazo
-¡Ah! Era broma, mujer. Pero a lo que decía, si quieres, en quince minutos voy a tu casa
-Hecho. Si no apareces, sé dónde vives y sé sobre tus conciertos secretos señor ricitos de oro
-Uno, ahí estaré. Dos, no son de oro, son de puro sexy –nos reímos de aquello, después Harry se fue corriendo hacia su casa y yo me fui a la mía.
Me puse rápido el pijama, saqué almohadas y sábanas limpias para Harry. Cada dos por tres dudaba en si iba a venir de verdad o si me estaba tomando el pelo.
Ya habían pasado quince minutos, después dieciocho minutos… Cuando empecé a desesperarme y a enfadarme con Harry, el timbre sonó haciendo que saltará del susto. ¡Era Harry! Nada más abrir la puerta me abalancé sobre él para darle un abrazo y después un golpe en el brazo.

-¡Rizos! Llegas tarde –dije en un tono de enfado
-Perdona, perdona. Mi pelo necesita sus mimos y me ha llevado unos minutos extra, además tenía que coger las cosas para mañana, ya que hay clases, ¿recuerdas?
-Es verdad… Bueno, aquí está el sofá
-Genial –Harry se quedó mirando al sofá, ya que no había ni mantas ni nada –Esto… ¿Debí traer mis propias mantas y demás? Porque si es así, se me ha olvidado
-No seas bobo –me reí –dijiste que te ofrecías a dormir en el sofá, pero me parece injusto, además aquí hace mucho frío ya que la calefacción del piso de arriba es la única que se enciende por las noche y sería un derroche encender todas las calefacciones. Así que te vienes arriba, ¿vale?
-Genial
-Por cierto, no tengo habitación de invitados pero si un colchón hinchable… Tendrás que dormir en ella en mi habitación
-No pasa nada, está perfecto –dijo mientras que me sonreía.
Harry se acomodó, puso su mochila del colegio junto a la mía y puso la ropa que se iba a poner al día siguiente encima de una silla que había en la habitación.
Antes de dormir estuvimos charlando un buen rato hasta quedarnos completamente dormidos.

Yo fui la primera en despertarme a la mañana siguiente, después, me encargué en despertar a Harry, pero se estaba despertando en aquel instante. Yo seguía tumbada, estaba de lado mientras apoyaba mi cabeza sobre mi mano.

-Buenos días Harry –dije con una amplia sonrisa. Harry se quedó mirándome y me sonrío. Ahí estábamos, mirándonos fijamente, yo tenía una sonrisa pícara y el empezó a poner cara de extrañado. Yo no pude decir nada porque si no, iba a explotar de la risa nada más abrir la boca. Me limité a sonreír de una manera pícara y mirar hacia la parte de las piernas de Harry, él miró extrañado a esa zona y en un acto de reflejo, saltó rodando hacia un lado del colchón acabando en el suelo. Estaba completamente rojo y yo no paraba de reírme.
-Parece que alguien se levantó antes que tú e incluso antes que yo –dije casi ahogándome por hablar mientras que me estaba riendo a pleno pulmón
-¡Qué vergüenza! No es culpa mía, es cosa de la genética de los chicos… Además ¿qué hacías mirando ahí? –preguntó con un tono pervertido intentando meterme en apuros
-Bueno, cuando ves algo que sobre sale de una superficie lisa, pues, tiendes a mirar –seguí riéndome a más no poder mientras que Harry se ponía cada vez más rojo. Al ver aquello, di mi última carcajada, cogí aire y le sugerí levantarnos de la cama e ir a desayunar.
-Ve bajando…
-Entiendo, a ver si baja lo otro también –dije mientras que me dirigía a la puerta. Le guiñé el ojo y después volví a soltar una pequeña carcajada
-¡Anda! Vete, boba –dijo mientras se reía y me tiraba una almohada que esquivé gracias a que cerré la puerta

Harry bajó en cinco minutos, me dio tiempo a sacar la bolsa de pan, la leche y el cacao. Harry me ayudó a poner la mesa, a preparar las cosas y al terminar, a limpiarlo todo.
Yo me vestí en mi habitación y usé el baño de mi madre mientras que Harry se preparó en mi baño.
Llamé a las chicas para avisarlas que ésta mañana no tenían porqué pasar por mi casa ya que me iría con alguien y antes de que preguntarán con quién, dije adiós y colgué el teléfono.

-Gracias por haberte quedado a dormir esta noche, Harry
-De nada, para eso estamos –me dio un pequeño abrazo
-Te debo una, pequeño
-Uno, no me debes nada y dos, de pequeño nada –soltó una carcajada
-Es verdad, que lo he visto –volví a bromear con lo de aquella mañana
-Tengo muchos comentarios sobre eso, uno es déjalo ya, otro es, por supuesto que sí y tres… ¡Jade, deja ese tema! –me reí a carcajadas por lo rápido que Harry se ponía rojo.
Me lo estaba pasando muy bien con Harry, aunque tuvo que irse nada más llegar al instituto ya que él no iba en la misma zona que yo. Nada más despedirme de él, le mandé un mensaje a Zayn preguntando qué tal estaba y en nada me mandó otro mensaje diciendo que se estaba recuperando poco a poco y puede que en nada ya estará bien si sigue descansando.

Antes de entrar a clase, Raquel vino corriendo muy contenta hacía mí
-¡Jade, Jade! El plan para San Valentín está yendo estupendamente, ya hay limusina, la sorpresa ya está esperando a entrar en acción y la perfección está a punto de pasar
-Estupendo, por cierto, ¿tú con quién irás?
-No lo sé, no iré con nadie, no importa –dijo mientras intentaba poner una sonrisa
-¿Qué tal si vas con Liam?
-No, él está pensando en pedirle a Danielle
-¡Es verdad! –se me había olvidado de que Liam me había comentado sobre una chica llamada Danielle y por aquel despiste estuve con la idea de que Raquel y Liam podrían ir juntos
-En fin, Jade, que no pasa nada. Me voy, te veo después

Tras despedirme de Raquel, como todas las mañanas me dirigí en mi taquilla donde encontré una nota pegada en la puerta.

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